Los kilómetros de un coche cuentan parte de su historia, pero hay que mirarlos con calma. No basta con ver 80.000 km en el cuadro y dar la cifra por buena. Lo interesante es comprobar si encaja con los kilómetros que se han ido registrando con el paso del tiempo.
El informe completo de la DGT puede incluir el historial de ITV y las lecturas de kilometraje. Con esos datos puedes empezar a reconstruir bastante bien la vida del coche.
Mira las ITV una por una
Empieza por la más antigua y ve avanzando hasta la última. Fíjate en la fecha, el resultado de la inspección y los kilómetros anotados.
Lo normal sería encontrar algo como 54.000 km, después 72.000 y más adelante 91.000. No tienen que subir siempre al mismo ritmo. Un año el coche puede hacer muchos kilómetros y al siguiente apenas moverse.
Lo que sí llama la atención es que el kilometraje baje.
Si los kilómetros bajan, pregunta antes de sacar conclusiones
Puede haber una manipulación del cuentakilómetros, pero también puede tratarse simplemente de un error al apuntar la lectura durante una ITV. Las dos cosas pueden ocurrir.
Por eso, una cifra extraña es una señal para investigar, no una prueba definitiva.
Si en una ITV aparecen 180.000 km y en la siguiente 130.000, pregunta. Pide facturas, revisiones, libro de mantenimiento o cualquier documento que pueda ayudar a explicar qué pasó.
Cuantas más piezas encajen, más fácil será saber si hubo un error o si realmente hay algo raro.
Una ITV desfavorable no significa que el coche sea malo
Un coche puede haber tenido una ITV desfavorable por motivos muy distintos. No es lo mismo un problema puntual que una sucesión de fallos importantes.
Mira qué ocurrió después. Si volvió a pasar la inspección y se reparó el defecto, la situación cambia bastante.
En cambio, si aparecen una y otra vez problemas en frenos, emisiones, dirección u otros elementos importantes, merece la pena comentarlo con un taller antes de comprar.
Los kilómetros muy bajos también pueden tener explicación
Un coche con pocos kilómetros puede ser una buena oportunidad, claro. Pero si tiene muchos años y apenas se ha utilizado, también conviene preguntar por qué.
Un coche parado durante mucho tiempo no se conserva necesariamente mejor. La batería, los neumáticos, algunas juntas, los líquidos y los frenos también envejecen aunque el cuentakilómetros apenas se mueva.
Así que menos kilómetros no significa automáticamente mejor compra.
Compara los kilómetros con el estado del coche
Mira el desgaste del volante, los pedales y los asientos. No sirven para calcular con exactitud cuántos kilómetros tiene un coche, pero pueden hacerte sospechar si algo no encaja.
Después revisa las facturas y el libro de mantenimiento, si existen.
Una factura antigua donde aparecen la fecha y los kilómetros aporta bastante más que un simple “siempre se ha cuidado mucho”.
Qué me preocuparía de verdad
Más que un kilometraje alto, me preocuparía una historia que no encaja.
Kilómetros que bajan sin explicación, años enteros sin registros, documentos que se contradicen o un vendedor que evita enseñar papeles son cosas que merece la pena revisar con calma.
Un coche con 190.000 km y un historial claro puede dar más confianza que otro con 95.000 km lleno de dudas.
El informe de la DGT te ayuda a reconstruir parte de la historia del coche. Una revisión mecánica te dice cómo está ahora. Antes de comprar, interesa mirar las dos cosas.